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El VIH o Virus de la Inmunodeficiencia Humana es una enfermedad de transmisión sexual que afecta al sistema inmunológico, es decir a las defensas del organismo, pudiendo originar múltiples síntomas y enfermedades asociadas.

El SIDA provocado por el VIH puede provocar disfunciones en la esfera sexual. Esta enfermedad puede conllevar diversas situaciones que estimulen la aparición de disfunción eréctil y/o la perdida del deseo sexual.

El VIH se transmite por contacto de mucosas, a través de la sangre o en el canal del parto y su periodo de latencia es largo. Los síntomas se suelen desarrollar al cabo de 5-10 años de la primoinfección como consecuencia de la disminución de linfocitos CD4+ y la aparición de infecciones oportunistas. En ese momento se denomina Síndrome de la Inmunodeficiencia adquirida (SIDA). Además del sistema inmunológico, a la larga puede acabar afectando otros sistemas como el cardiovascular, neurológico, endocrinológico, etc…

El diagnóstico del VIH se realiza mediante análisis específicos en sangre y es muy importante descartarlo en los casos de contactos sexuales de riesgo ya que, de lo contrario podría pasar desapercibido durante años pero manteniendo su capacidad de contagio.

Por lo que se refiere al tratamiento, el VIH requerirá la administración de múltiples fármacos antivirales: TARGA (Terapia antirretroviral de gran actividad). Con dicho tratamiento, la enfermedad no se erradica pero se pueden conseguir niveles del virus en sangre indetectables y normalizar la cifra de linfocitos CD4+.

DISFUNCIÓN ERÉCTIL (DE)

El SIDA puede provocar disfunciones en la esfera sexual. De entrada, problemas psicológicos que pueden influir en la función eréctil y en el deseo sexual.

Por otro lado, existen estudios que sugieren un aumento de incidencia de disfunción eréctil en los pacientes VIH+ como consecuencia de la afectación directa del sistema vascular, neurológico y endocrinológico por el virus. Se ha objetivado una prevalencia superior de disfunción eréctil en pacientes jóvenes con VIH respecto a la población general. Además, estos pacientes pueden tener una alteración en la producción de testosterona que tendrá un impacto tanto en la disfunción eréctil como en el deseo sexual.

La administración de múltiples fármacos para el control de la propia enfermedad también puede provocar efectos secundarios en la esfera sexual. No se conoce el mecanismo exacto de dichos fármacos sobre la función eréctil, pero se postula que son los Inhibidores de la Proteasa los que pueden tener más impacto en las alteraciones sexuales. De forma contradictoria a esto último, también se ha objetivado una mejoría de la función eréctil tras el inicio del tratamiento con TARGA y la negativización del virus en sangre.

En conclusión, es importante recalcar que la disfunción eréctil en pacientes con VIH tiene una incidencia aumentada y puede conllevar un manejo difícil dado los múltiples mecanismos implicados en su patogenia. Será necesaria la evaluación conjunta del paciente, para detectar problemas en varios sistemas del organismo que podrían influenciar en la función eréctil. Por un lado, administrar fármacos específicos para el control del VIH, seleccionando aquellos con menos efectos secundarios sobre la función sexual. Además, se deberá acompañar de un tratamiento psicológico y en ocasiones, de fármacos específicos para la disfunción eréctil.

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