Impacto del coronavirus sobre la sexualidad.

sexo coronavirus

Este es el segundo artículo sobre COVID y sexo en los útimos meses. En el primero te hablé de cómo veía la cuarentena y qué elementos de la sexualidad parecía buena o mala idea. También expuse una encuesta sobre sexualidad que ideamos la Dra Mafe Peraza y yo para investigar la influencia del confinamiento sobre la sexualidad.

Este encuesta en inglés y español estudiaba la sexualidad (orientación sexual, género y sexo, deseo sexual, masturbación, relaciones sexuales e «infidelidad» en relación a variables demográficas y sociológicas (país de residencia, edad, nivel de confinamiento, estado civil y composición familiar).

Los datos básicamente nos dicen una cosa: no parece haber cambiado nada. Obviamente hay gente más deseo sexual y gente que tiene menos. Personas que han tenido más sexo y otras que no tanto. Pero la gran conclusión de esta exploración es que el sexo no parece haberse alterado mucho durante este confinamiento.

Teniendo en cuenta la situación, me parece una gran sorpresa. Podríamos haber encontrado más sexo al estar todo el día juntos, o menos sexo al estar separados en casas diferentes o encerrados con hijos y padres. Pero lo cierto es que los números no parecen haberse movido mucho. Mi conclusión es que el sexo parece ser algo muy esencial en nosotros y que no cambia mucho ni incluso sometido a 12 semanas de aislamiento social. No tengo ni idea de la explicación ni de los motivos, pero -sin saber muy bien el qué- esperaba haber encontrado algo.

Dos datos sí me han llamado la atención.

El primero es la tasa de infidelidad o de personas que tuvieron sexo con personas que no eran su pareja, que en la encuesta es el 7%. Analizando los datos, la mayoría eran personas que estaban en pareja (más que personas sin pareja). En cualquiera de las dos situaciones, me parece muy sorprendente esa cifra en un estado de inmovilización y de limitación social tan estricto como el que hemos vivido.

La segunda de las sorpresas ha sido el uso del digital. Más del 20% de las personas explicó que usaba apps o redes sociales para conocer o comunicarse sexualmente con gente. Se puede argumentar que el muestreo puede estar sesgado, y estoy de acuerdo. Pero personalmente opino que esos datos no hacen más a apuntar hacia una verdad innegable -e incómoda para algunas personas-: cada día más tanto nosotros como nuestros hijos, y seguramente nuestros padres- usaremos el digital para el sexo.

No deja de ser raro y a la vez lógico que nuestros instintos más primarios se valgan de nuestro desarrolló tecnológico más deslumbrante para seguir a lo suyo: tener sexo.

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